miércoles, 17 de junio de 2009

EL SUEÑO


(el acto de dormir es una especie de monstruo sostenido por las muletas de la realidad)
Los días y las noches me parecen insufribles, interminables, agotadores. Días de trabajo arrastrado, desconcentrado, perezoso.
Cansancio.
Noches a la luz de una vela temblorosa y un paquete de tabaco. El sueño se desvanece como el humo de los cigarrillos que apago y enciendo, insomnes y angustiosos. El amanecer es un saludo burlón. El cielo rosa y púrpura se sonríe sobre la desolación de mi autopista gris y atascada. Voy en el mismo sentido que todos los demás y tengo la convicción profunda de que no es así. Voy en sentido contrario a todo el mundo. No, voy en mi propio sentido. A contracorriente. No, sigo mi propia corriente. Tengo un fin. Soy un salmón. He de morir para renacer. Eclosionar. El gusano se transforma en mariposa. Bella y breve. Aletea junto a la flor que exhala su perfume. El amor me permite captar la luz del nuevo día. Y el día se diluye de nuevo en la noche que desvanece el sueño que me invade, me reanima y me detiene.

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