
Estuvimos perdidos nueve días en el impetuoso mar y al décimo llegamos al país de los lotófagos, que se alimentan del fruto de una amapola... Después del almuerzo, escogí a mis dos hombres más decididos y los envié con un mensajero a explorar el país y conocer a sus habitantes. Pronto se encontraron con algunos lotófagos que no les hicieron ningún daño y que les invitaron a comer el fruto del loto. Y en cuanto lo probaron se olvidaron completamente de la patria y hasta de sí mismos. Su único deseo era seguir consumiendo lotos y seguir disfrutando del olvido de la patria. Pero yo los conduje por la fuerza hasta las naves, aunque se resistían y gemían, los arrastré y los hice atar a los bancos. Exigí que los demás embarcasen enseguida, temeroso de que si probaban los lotos se olvidasen del regreso.
HOMERO
Odisea, IX
Vivir con un adicto
Un alcohólico, un morfinómano, un ludópata o cualquier otro tipo de adicto a algo, es incapaz de amar con normalidad a otra persona. El amor sano es un intercambio equilibrado entre dos ganadores, pero los adictos –girando alrededor de sí mismos– establecen parejas en las que ellos son «un ganador » y quien los acompaña «un perdedor». El adicto exige cuidados y sacrificios, pide sin cesar (como los niños) pero es incapaz de dar.
Las personas que se atan a ellos no se aman a sí mismas. Es tan baja su autoestima que sólo creen que valen si se sacrifican ayudando a otro. Pero se mienten a sí mismas diciendo que el autodestructor lo agradece y que, cuando quede liberado de su adicción o vicio, las amará. En el fondo, habiendo sido niños no amados por sus padres, repiten el sufrimiento infantil, tratando por todos los medios de ganarse un amor que nunca les será dado. Aunque sepan que están malgastando su vida, motivadas por una compasión que encubre un doloroso deseo de ser reconocidas, pueden ser incapaces de cortar esta insana relación. Aconsejo entonces al/la consultante decir a la persona adicta:
(Si es una mujer:) «Tú estás enfermo. No soy ni tu esposa ni tu amante sino tu enfermera. A partir de hoy estaré siempre a tu lado con un uniforme de enfermera. Así vestida te acompañaré a todas partes, sea al ir a un restaurante, un cine, de compras, a casas de amigos, etc.». La consultante encerrará toda su ropa en un baúl y se vestirá de enfermera llevando colgado del cuello un medallón con la fotografía de la madre del adicto. (Si es un hombre:) en este caso, cada vez que el consultante esté con la adicta, se vestirá de enfermero llevando colgado del cuello un medallón con la fotografía del padre de ella.
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